En los últimos años se ha vivido un cambio radical en el ámbito de las tarjetas bancarias en España. Los grandes bancos han tenido que dejar paso a nuevos actores y entidades que han ampliado el mercado y disparado las posibilidades. Aunque eso también trae consigo un problema para el consumidor.

¿Qué tarjeta de crédito me conviene realmente? La nueva gran pregunta que todo el mundo se hace tarde o temprano cuando compara estos productos financieros. Ya no hablamos de tarjetas que están en la cartera para pagar. Ahora hablamos de tarjetas que vienen con facilidades, descuentos y ventajas, pero también con comisiones y costes ocultos que pueden aparecer si no prestas atención a la letra pequeña.
Criterios clave para comparar tarjetas de crédito
Lo primero que debes tener en cuenta al contratar una tarjeta son las comisiones. Las de emisión, por ejemplo, pueden ir desde los 0 € en modelos básicos hasta 200 € anuales en tarjetas premium. Luego están las comisiones de mantenimiento, todo un clásico que cobran algunas entidades, aunque otras como ING o N26 no las cobran, y que pueden ser de hasta 40 € al año.
Dejando esto a un lado, otra prioridad es buscar las comisiones “ocultas”. Y es que hay tarjetas que pueden cargarte un 4% del importe al retirar dinero de un cajero o incluso recargos variables si las usas en el extranjero. Son las más dolorosas.
También es conveniente estar al tanto de qué modalidades de pago hay y cómo se devuelve el dinero. Hay tarjetas que mueven los pagos a fin de mes o al mes siguientes, sin intereses, y otras que permiten dividir compras grandes en cuotas. Otro tipo muy concreto que hay son las tarjetas revolving. Unas que hay que evitar, ya que sus intereses pueden superar el 20% TAE y, de hecho, son consideradas usura.
Por último, pero no por ello menos importante, los requisitos de contratación. Hay tarjetas que se pueden solicitar en cuestión de minutos, mientras que otras requieren esperar varios días a su expedición y entrega. Además, pueden establecer una serie de requisitos como vincular una nómina a una cuenta bancaria o hacer determinados pagos cada año para evitar comisiones. Todo eso cuenta.
Principales tipos de tarjetas
Ya hemos visto los factores clave para elegir, pero ahora entra en juego la otra gran pregunta: ¿Qué tipos principales de tarjetas de crédito hay?
Tarjetas de bancos tradicionales
Estas son las tarjetas “de toda la vida”, las que ofrecen bancos como BBVA, Santander, CaixaBank, etc. Siguen siendo las predominantes, sobre todo porque cada vez ofrecen mejores condiciones, como la Aqua de BBVA, que tiene solo 35 € de mantenimiento al año y permite financiar compras en 3 meses sin intereses.
Por supuesto, tienen sus pegas. Cuando hay comisiones de por medio, suelen ser más altas que en otras alternativas digitales, sus requisitos suelen ser más exigentes y lo que ofrecen, en general, se aleja de lo que puede encontrarse por ejemplo con neobancos.
Neobancos y las nuevas tarjetas digitales
Los neobancos, todos aquellos más vinculados al panorama digital, han entrado con fuerza en este mercado. Ofrecen tarjetas sin comisiones de emisión ni mantenimiento y son muy flexibles. Tenemos por ejemplo el caso de Revolut, que permite cambiar entre 30 monedas al tipo de cambio real sin comisiones hasta cierto límite mensual. Algo ideal para viajeros.
¿El problema? Que no son tarjetas de crédito puras. La mayoría funcionan como tarjetas de débito o prepago. Si buscas financiación real, tendrás que buscar sus productos premium o directamente en otro sitio.
Tarjetas vinculadas a grandes superficies
Este otro sector también es joven y viene fuerte. Si concentras gran parte de tus compras en establecimientos concretos, las tarjetas vinculadas a cadenas comerciales pueden ofrecerte ventajas que ningún banco o neobanco te puede dar.
Dentro de esta categoría existen opciones como la tarjeta de crédito vinculada a Carrefour. Esta es un buen ejemplo, ya que facilita opciones de financiación sin intereses y permite recibir dinero de vuelta en las compras que haces en sus hipermercados o al repostar. Son el tipo de ventajas que se ofrece con este tipo de tarjeta, mucho más orientada al particular.
El problema de estas tarjetas, es que tienes que tener vinculación con la marca para obtener un retorno y un ahorro, en este caso el ahorro es muy notable si haces la compra en Carrefour.
Al final, cada tipo de tarjeta tiene una serie de ventajas y de inconvenientes que te obliga a elegir según tu situación. Si eres una persona que compra en muchos sitios diferentes, quizá te convenga una tarjeta clásica que tenga algún tipo de cashback general, normalmente mucho más pequeño que las vinculadas a comercios.
Sin embargo, si concentras tus compras en alimentación, combustible o incluso productos del hogar en una misma cadena, sí que te interesa una tarjeta de un retail. Te acaba dando más ventajas y se adapta mucho mejor a tus hábitos de consumo para darte bonificaciones que de verdad puedas aprovechar en tu día a día, o incluso en tu actividad profesional. Como en otros muchos casos, elegir la mejor tarjeta es algo que depende de cada uno.