El sector bancario llega a 2026 en un punto delicado, pero también interesante. Después de varios años de ajustes, cambios regulatorios y un entorno de tipos que ha dado más de un giro inesperado, los bancos afrontan un ejercicio en el que no todo depende de subir o bajar tipos. Hay más variables en juego y conviene entenderlas bien, sobre todo si te interesa saber hacia dónde van las entidades, qué puedes esperar como cliente y por qué algunas decisiones empiezan a repetirse en casi todos los bancos.

Durante 2024 y 2025 la banca se benefició claramente del aumento de los tipos de interés. Los márgenes mejoraron, los resultados subieron y muchas entidades volvieron a hablar de rentabilidad con cierta tranquilidad. Pero ese viento a favor ya no sopla con la misma fuerza. En 2026 el foco cambia. El crecimiento del negocio, la evolución del crédito y la eficiencia interna pasan a ser tan importantes como el precio del dinero.
Por eso, más que mirar un solo dato, hay que observar varios indicadores clave que están marcando el rumbo del sector.
Crecimiento del negocio y demanda de crédito
Uno de los grandes termómetros de la banca en 2026 es el crecimiento del crédito. Y aquí el panorama es mixto. Por un lado, las familias siguen siendo prudentes. El endeudamiento se contiene, la demanda de hipotecas es más selectiva y el crédito al consumo crece, pero sin excesos. Por otro, las empresas, especialmente las medianas, empiezan a reactivar inversiones poco a poco.
Para los bancos, esto supone un reto claro. Crecer sin asumir riesgos innecesarios. Ya no vale conceder crédito a cualquier precio. El recuerdo de ciclos anteriores sigue muy presente y las entidades están afinando mucho los criterios de concesión. Esto explica por qué, aunque los tipos hayan empezado a moderarse, no siempre se traducen en una avalancha de nuevos préstamos.
Otro aspecto clave del crecimiento es la captación de clientes. En 2026 el número de usuarios no crece tanto como antes, pero sí cambia su comportamiento. El cliente es más digital, compara más y es menos fiel. Por eso los bancos están poniendo tanto énfasis en las cuentas vinculadas, en la domiciliación de ingresos y en los productos que aseguran una relación a largo plazo.
Aquí hay un matiz importante. No todos los crecimientos son buenos. Aumentar volumen con clientes poco rentables o muy sensibles al precio puede acabar penalizando los resultados. Por eso muchas entidades prefieren crecer menos, pero mejor.
Tipos de interés y presión sobre los márgenes
Los tipos de interés siguen siendo un factor central, aunque ya no son el único protagonista. En 2026 el mercado descuenta un entorno más estable, con posibles ajustes a la baja, pero sin volver a los mínimos extremos de hace años. Esto cambia las reglas del juego.
Durante el periodo de tipos altos, los bancos ampliaron márgenes con relativa facilidad. El coste del pasivo tardó en subir y el del activo reaccionó rápido. Ahora ese efecto se diluye. La competencia por el ahorro aprieta y las entidades tienen que ofrecer mejores condiciones en depósitos y cuentas remuneradas si quieren retener dinero.
Esto tiene un impacto directo en la rentabilidad. El margen de intereses se normaliza y obliga a buscar ingresos por otras vías. Comisiones, servicios de valor añadido, gestión patrimonial y seguros vuelven a ganar peso. No es casualidad que muchos bancos estén reforzando estas áreas.
También influye el perfil del cliente. En un entorno de menor margen, cada euro cuenta. Las entidades analizan con lupa qué productos usa cada cliente y cuánto aporta realmente. De ahí que veamos más segmentación, más ofertas personalizadas y, en algunos casos, más exigencias para mantener ventajas.
En este contexto, los tipos ya no son un regalo, son una variable más que hay que gestionar con cuidado.
Rentabilidad, eficiencia y lo que de verdad importa
Si hay una palabra que define la banca en 2026 es eficiencia. Los ingresos ya no crecen solos y los costes siguen ahí. Personal, tecnología, regulación, ciberseguridad. Todo suma. Por eso la rentabilidad depende cada vez más de hacer más con menos.
Las entidades están apostando fuerte por la digitalización, no tanto por moda, sino por necesidad. Cerrar oficinas poco rentables, automatizar procesos y reducir costes estructurales es una tendencia clara. Al mismo tiempo, se intenta mantener un mínimo de atención personal para no perder al cliente menos digital.
Otro indicador clave es la calidad del balance. La morosidad se mantiene contenida, pero los bancos no bajan la guardia. En un entorno económico aún incierto, proteger la solvencia es prioritario. Esto se traduce en provisiones prudentes y en una política de riesgos bastante conservadora.
Si tuviéramos que resumir los grandes indicadores que están marcando la banca en 2026, serían estos:
- Evolución del crédito, especialmente en hipotecas y financiación a empresas.
- Comportamiento de los márgenes en un entorno de tipos más estables.
- Capacidad de las entidades para mejorar eficiencia sin deteriorar el servicio.
Para el cliente, todo esto tiene una lectura clara. Los bancos ya no regalan nada, pero tampoco pueden permitirse perderte. Habrá más ofertas selectivas, más condiciones y más letra pequeña, pero también oportunidades para quien compare y elija bien.
En definitiva, 2026 no será un año de euforia para la banca, pero tampoco de crisis. Será un año de ajuste fino. Crecer con cabeza, mantener márgenes en un entorno más competitivo y asegurar rentabilidad sin asumir riesgos excesivos. Quien lo consiga saldrá reforzado. Y quien no, tendrá que volver a ajustar el rumbo.